ME MEO

lavabos4Foto de un blog curioso:http://nonperfect.com/2012/03/29/un-oasis/

Me estoy meando, estoy en el tren y el lavabo está cerrado. Cerrado perpetuo, es decir, que no hay nadie dentro y no se puede abrir. Eso solo puede significar que:

A- No hay agua
B- El cúmulo de colillas de cigarro ha obstruido el sistema de desagüe (los adictos al tabaco ahora solo tienen el lavabo para fumar y parece que hay muchos adictos)
C- El WC se ha embozado y el agua ha sobrepasado la taza llegando al suelo donde hay un sensor que lo detecta y bloquea automáticamente la puerta
D- La cerradura se ha roto
E- Otros…

Pese a la variedad de la casuística, el resultado acaba siendo el mismo: el lavabo es inaccesible y yo, me meo. ¿Qué puedo hacer? También aquí la casuística es múltiple así que os contaré algunas de las acciones que en su día llevé a cabo para solventar tan incómoda situación.

Opción A
Me aguanto, me aguanto y me aguanto. ¡La de veces que me he llegado a aguantar! ¿Os acordáis de cuando solo había un servicio en todo el tren de media distancia? Barcelona-Tarragona una hora y media meándose no es moco de pavo. Eran otros tiempos, sí, uno estaba acostumbrado a más sacrificios.

Opción B
Unos cuantos años y viajes más tarde aprendí que sufrir era prescindible, vaya, que lo justo y necesario; las terapias empezaban a hacer su efecto y entendí que el: “Nacido para sufrir” era judeocristiano y yo no.
Además RENFE parecía haber escuchado mis plegarias y ya había dos lavabos como mínimo en todos los convoyes. Pero…¡Oh Dios mío, los dos están cerrados! Se imponía pues la búsqueda del revisor, que no sé si habéis comprobado que suele aparecer cuando no llevas billete pero cuesta encontrarlo cuando lo buscas. ¡A la cabina de pilotaje, sí señor! Toc, toc toc a la puerta y: “Por favor señor revisor, ábrame usted el lavabo que no puedo más y el viaje acaba de empezar”.
Entonces, tras darte mil explicaciones sobre lo que te puedes encontrar al abrir la puerta, y casi firmar un contrato conforme aceptas las condiciones, le sigues estoicamente hacia lo que te ha descrito como el infierno más cercano. Por el camino, cual estela del flautista de Hamelín, se irán sumando acólitos al peregrinaje: ya sois cuatro, cinco…, los que no podéis aguantar más y el revisor se gira, entre sorprendido y agobiado por la responsabilidad que de pronto se le viene encima. ¿Debe permitir entrar a toda esa gente? ¿Cuáles serán las consecuencias?

Opción C
Han pasado unos años más y en los trenes de media distancia siempre encuentras al revisor, llevan cuatro o seis lavabos y ahora tardan una hora y diez minutos en cubrir el trayecto Barcelona-Tarragona. Pero en los cercanías no hay revisor, en los trenes de tres vagones solo hay un lavabo y ¡Dios mío, está cerrado! Barcelona-Vic, una hora y diez minutos. ¿Y ahora, qué?
Si el tren es de seis vagones, saltar en la estación siguiente y cambiar de convoy es la opción más acertada. Eso sí, asegúrate de correr lo suficiente para entrar en la otra secuencia antes de que se cierren las puertas de nuevo. Una vez me quedé en tierra, dos paradas antes de Vic, a menos cuatro bajo cero y, claro, ¡meándome! Lo peor fue que en ese apeadero tampoco había WC y el próximo tren pasaba treinta minutos después. Llegué tarde a trabajar y estuve a un tris de sufrir una dilatación crónica de vejiga.
Si consigues llegar con éxito al otro set de vagones y el lavabo funciona: ¡enhorabuena! Debo reconocer que la mayoría de veces es así. Pero ya sabes, no siempre.
¿Y si el convoy es de tres vagones y hay un solo servicio? Entonces la cosa se complica, y mucho. Pero afortunadamente estamos en el S.XXI y el móvil puede sacarte de las peores situaciones.

Opción D
Estás en uno de esos convoyes, de tres vagones, una hora y diez de viaje por delante, lavabo cerrado, has picado tres veces a la puerta del conductor y no te abre: va solo y teme lo peor. Además, en el mejor de los casos solo tienes una comprometida situación que no podrá resolverte ya que es el conductor y no puede moverse de donde está, así que por mucho que aporrees la puerta, te ignorará; yo tampoco abriría. Primera baza agotada.
Busca entonces un/a cómplice, es lo mejor: dos mentes piensan más que una ¡por supuesto! Y se decide una estrategia; en este caso dos mentes femeninas urdimos el plan, la complicidad de género fue un factor determinante.
Llamamos a RENFE; ellos se sorprendieron de nuestra petición, por lo inusual; nosotras nos sorprendimos de su capacidad resolutiva, por lo mismo; nos ayudaron dándonos la información que necesitábamos: en tres paradas más subiría el relevo del conductor. Solo teníamos que abordarlo antes de que entrara en la cabina para que nos abriera el lavabo y todo solucionado. La situación era delicada: éramos dos y el tren era de tres vagones, ¿cómo íbamos a hacerlo? ¿Cómo reconoceríamos a nuestro salvador?
En un alarde de ingenio decidimos sentarnos en el vagón de cabeza, junto a la puerta de la cabina a esperar a que el relevo pasara por allí. Tres paradas más tarde un hombre con bigote, de unos cuarenta y algo, con una maletita de piel marrón en su mano derecha subió al vagón. Lo reconocimos al momento y con la mejor de nuestras sonrisas nos acercamos a él y formulamos nuestra petición. Minutos después nos deshacíamos en palabras de gratitud hacia él. Siempre he pensado que la ley de la compensación divina existe y que RENFE contrata ángeles y demonios por igual.

Opción E
Es muy importante poder resolver mear en el tren porque, si no puedes, ¡no esperes hacerlo en la estación de llegada!, no siempre es posible. Recuerda que durante muchos muchos años en la estación de Tarragona, capital de provincia, no había lavabo. Tras muchas muchas reclamaciones y aprovechando unas obras catedralicias en la estación, los pusieron hacer dos años; todo un lujo. Todavía recuerdo las argucias que inventaba para entrar en el servicio de los trabajadores de Atención al Cliente. Supongo que fuimos muchos los avispados y al final pusieron llave a la puerta.
Si te bajas en Sants aunque haya tres lavabos públicos, dos son ya de pago. De hecho si viajas en cercanías puedes ir al lavabo a la llegada, pero no a la ida porque el acceso está en otra zona. Otro dato a tener en cuenta es que el WC ubicado al lado de la entrada del metro está, invariablemente, muy ocupado y por los alrededores abundan enemigos de lo ajeno de lo más sutiles, no es muy recomendable. En el que está frente al Servicio de Atención al Cliente la cosa va mejor, pero alterna con el de la zona de cercanías en horas de limpieza, así que si tienes intuición úsala para meditar sobre cuál estará cerrado y cuál libre; están muy distantes uno del otro y un error de cálculo puede suponer perder el tren.
En el resto de estaciones la suerte es desigual. En Gerona están en una planta diferente a la de las vías, en Vic tienes que pedir la llave en el bar (ni lo intentes si tienes prisa, perderás el tren), en Castelldefels y Torredembarra la llave la tienen en las taquillas de RENFE, peor aún, y tampoco es recomendable si tienes el sistema inmune bajo.

En conclusión, si estás en la estación, te meas y tienes que coger un tren: ¡suerte y al toro! O como bien te habrá dicho alguna vez tu madre: “De casa, hay que salir meado”.

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