La felicidad

A Eusebio le habían tocado diez millones de euros en la lotería. Con tanto dinero, uno puede pensar, seguro que era el hombre más feliz del mundo… Pero uno, como casi siempre, se equivoca porque nuestro Eusebio era muy desgraciado. Tenía diez millones de euros y más de un millón de ideas sobre cómo gastarlos, pero aún así estaba muy triste.

Podía comprarse una flota de coches, veinte apartamentos, otros tantos yates, cuarenta gemelos de oro para cuarenta camisas; podía dar cinco veces la vuelta al mundo y al volver aún le sobraría dinero para comprarse una granja en las tierras más fértiles de la región. Podría –se atrevió a pensar- incluso casarse con la hija del alcalde que era una buena moza y ahora, con tanto dinero, seguro que aceptaría su mano. Siguió pensando entonces cómo gastar el dinero junto a su amada mujer y se le ocurrió que podrían tener muchos hijos y educarlos en los mejores colegios, vestirlos con las mejores ropas y comprarles todos los caprichos que quisieran, esos con los que ninguno de los dos había siquiera podido soñar…

Mientras seguía dejando volar la imaginación, Eusebio dejó escapar el décimo de lotería que había estado manoseando durante horas.

Ya era feliz: el dinero, al fin y al cabo, sólo había venido a estorbar su tranquilidad.

 

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