I love RENFE

Por extraño que parezca el título no te vayas, espera un momento… ¡Es irónico! Sí, has acertado, lo es.

El tren provoca en mí, como en muchas personas, una ambivalente emoción. Por un lado nos mece cual cuna infantil, nos abraza en sus cálidos sillones invitándonos a descansar en ese plácido viaje de ida o vuelta, en un desplazamiento en el que impasibles nos dejamos llevar de un lado a otro sin más esfuerzo que el de mirar por la ventana, leer un libro o escuchar música…

Por otro lado en esos idílicos viajes asistimos a tantos retazos de vidas, encuentros, desencuentros, luchas, demoras, insolencias, despilfarros e incongruencias…, que no podía hacer menos que recoger algunos de ellos para dar fe de que viajar en tren no es siempre un camino de rosas.

De ahí nació la idea de escribir estas historias: como viajera habitual del ferrocarril durante varios años he vivido muchas anécdotas y no he podido más que asombrarme unas veces, asustarme otras, reír y llorar las menos, entrar en cólera las más.

Las narraciones que vienen a continuación las compartiré con todos vosotros de forma semanal. La última de ellas está aún por escribir, pero esa está a la espera de que “la emoción no embargue el   momento y pueda escribir desde el recuerdo de ella” (Horacio Quiroga).

Os agradeceré que me enviéis vuestra opinión, ¡que las disfrutéis!

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