Verde que te quiero verde

Me quedan muchas cosas por contar de BA y de días pasados, pero hoy tenía ganas de transmitir la grandeza de los colores y texturas entre los que me muevo: el verde, el rojo , el amarillo de la selva, extremadamente intensos, mágicos y envolventes.

Posadas, San Ignacio, Puerto  Iguazú. Me voy a quedar corta intentando explicaros cómo me siento en este paisaje. Me siento en paz; no hace falta nada más que estar. No hay pasado, ni presente ni futuro que alteren el simple devenir: vivir y existir; en verde, rojo y anaranjado. En amarillo, rosa y marrón. En consonancia con la exuberancia que exhibe la tierra allá donde mires. Es plena vida, pulsión, riqueza, y a mí me entran ganas de quedarme acá, detenida en el espacio tiempo, mirando y respirando esta vegetación y animales que me rodean. No hay lugar para la fealdad ni la miseria, si es que podemos llamarla así; no existe porque por mucha suciedad que haya, no se convierte en mugre; por mucha necesidad no cubierta que exista no hay hambre, por mucha falta la carencia no se ve porque lo básico, lo necesario para existir, está cubierto. Un trozo de tierra, unas maderas que forman cuatro paredes y un techo, una sanidad pública (muy deficiente pero que está ahí) y una educación. Por ahí que las personas que me acogieron en Misiones me contaban que muchas familias se han acomodado al sistema de planes del gobierno y viven de las ayudas, han perdido el hábito del trabajo y con ello la libertad de elegir y progresar. Y a cambio de esos subsidios siguen votando al gobierno que les permite continuar en esa neutra existencia del sobrevivir.

Soy mera observadora, no me pronuncio, solo recojo datos. No sé cuánto de cierto hay en unas u otra opiniones, solo sé que en Puerto Iguazú, Posadas y San Ignacio la gente sonríe, se para a hablar, camina lento y parecen felices. Y yo con ellos. Hoy me preguntaba si me gustaría vivir aquí: paz, naturaleza allá donde mires y buen clima. Al momento me asaltó una cuestión, una única cuestión: me faltaría la cultura artística. Un cine, un teatro, un lugar donde estudiar algo más que lo secundario… Pensé también que lo podría crear, pero ¿dónde debe andar la gente interesada en estas cosas?

Bueno, andando y viendo, como dice Susana. El caso es que el lugar del mundo de uno es uno mismo, pero es muy cierto que el entorno ayuda: cuanto más en consonancia esté con lo que buscas y quién eres, más sencillo se hace todo.

De pronto se pone a llover, pero bajo el porche, viendo caer las gotas sobre la piscina de enfrente, sobre las enormes hojas de las plantas que me rodean y bajo el cielo cargado de estrellas, da absolutamente igual. Lluvia fina, leve, ligera que no cala ni incomoda sino acompaña. Mañana cataratas.

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