Teatro argentino

Hoy comentaba con un amigo español, actor, que el arte acá nos parece más relacionado con lo esencial, con la originaria necesidad humana de crear y comunicar que con el “capitalismo feroz y foráneo” (Gottam Project) que se vive allá, con la mercantilización del arte, en pocas palabras, que responde al contexto cultural en el que se inscribe.

Creo que las estadísticas afirman que esta es la ciudad con más teatros del mundo. Hay que añadir con más tipos de teatro: desde el subterráneo de un edifico, pasando por una casa con patio, al más colosal teatro Colón, hay un sinfín de espacios en los que se vive, respira y difunde arte escénico. Me da la sensación de que el compromiso de muchos de estos artistas es vital, interno, más allá de las bambalinas y el ego que parece envuelve, en otros contextos, a esta profesión.

Me recuerda y remite a la vocación más pura, a esa imagen casi romántica de “los cómicos” de antaño que elegían esta forma de vida asumiendo las dificultades que implica: esfuerzo y dedicación, compromiso y tenacidad.

En el ambiente de las terapias, al menos lo poco que he podido vivir, es muy semejante. Las personas que he encontrado están firmemente comprometidas con su trabajo el cual muchas veces ofrecen de forma gratuita a colectivos desfavorecidos que de otra forma no tendrían opción a ello.

Para mí todo esto supone como una bofetada a mis pretensiones de “vivir de lo que me gusta“, que se ve transformado en “vivir para lo que me gusta“: vivir se puede de cualquier manera, pero ¿cuál elige cada quién? Siguiendo la teoría de Maslow: techo, comida, ropa, afecto y a partir de ahí cada cual construye su pirámide, o su cárcel…

BA me está aportando esa vuelta a las raíces de por qué expresarse, crear, aprender. Y en las obras que he visto he podido presenciar una temática muy propia de lo más humano con un tinte muy especial, muy de aquí.

Made in Lanús, comedia costumbrista argentina, me dejó con un fuerte cuestionamiento del valor del esfuero, la pertenencia y el encontrar tu lugar en el mundo, y a costa de qué. La identidad, la identificación con el entorno y la patria, los valores propios y heredados, son algunos de los temas que removieron mi conciencia por sonarme cercanos. La represión policial y política que vivió el país en la última dictadura y sus consecuencias en el pueblo eran el tema principal de la obra, fuerte, intensa, que me hizo llorar y conectar con todo el pasado histórico, para mi generación más lejano pero que aún palpita en nuestra sociedad. Aquí y allá sigue habiendo personas que intentan silenciarlo, pero desde el olvido no se puede reconstruir: es necesario legitimizar para poder pasar página, y no hacerlo puede ser la causa de muchos bloqueos y enfermedades: personales y sociales. Cada personaje representaba una opción: el que olvida para poder avanzar, el que no puede ni quiere olvidar, el que acepta el pasado para poder vivir el presente y el que quiere huir de ambos. Me impactó la fuerza y la intensidad de la interpretación.

La obra que fui a ver hoy He nacido para verte sonreír hablaba de la locura y de las relaciones maternales. Lo que acabo de decir es simplista, pero la complejidad del texto de la obra casi lo exige: en realidad hablaba de muchas cosas más,existencialistas todas ellas. Monólogo de una madre que va a internar a su único hijo, loco; dolor de una madre que ha perdido lo que más quiere y que va definiendo la fina línea entre la cordura y la locura a través de las confesiones que hace en esa charla sin interlocutor que mantiene con él, presente-ausente durante toda la obra. El texto me resonaba a análisis psicoanalítico, algo que no me resulta extraño porque en esta tierra esta terapia tiene un gran calado. Por otra parte me conectó con una idea que me ronda estos días: aquí el psicoanálisis prosperó ¿porque era necesario? Observo muchos casos de familias convencionales que tienen algún familiar con problemas de salud mental, y es realmente significativa la existencia de varios hospitales psiquiátricos y el gran número de personas que hay en ellos, así como los recursos que se dedican a cuidarlas, trabajar para reintegrarlas socialmente, etc. Quizás la historia de este país tenga mucho que ver con esas fragmentaciones, desequilibrios, deslindes de ese espacio que separa lo real de la locura.

La última obra que me gustaría comentar es Estado de Ira, que me hizo reír hasta llorar por lo original de su planteamiento, su puesta en escena genial y su ritmo trepidante. Cuestionaba mucho de lo comentado antes: la funcionarización del arte, la competitividad, la trabanqueta al que triunfa,  el vacío de sentimiento de un tipo de teatro, la politización y comercialización de este medio. También cuestionaba lo complejo, estereotipado e istriónico del mundo de lainterpretación, y lo hacía con una frescura y una ironía dignas de aplauso, porque invitaba tanto a la carcajada como a la reflexión.

Me queda una obra en cartera, que promete ya solo por su título: Destino de dos o de tres cosas. Ya os contaré.

Esta entrada fue publicada en Viaje a Argentina. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s