Hasta hoy…

De pronto me reencuentro con la escritura… y sonrío. Por haber tardado tanto, o tan poco, en crecer, en hacerme “grande” y decidir que lo que yo escribo puede interesarle a alguien más que a mí misma.

Hasta hoy recojo: lágrimas de cansancio, jet lag e indefensión. Pena por la pobreza que veo por las calles, pobreza de cuerpo y de alma, pobreza de estado de clase, de dignidad personal y social. Alegría al ver que dos chicos, jóvenes, muy jóvenes, son capaces de bancarse todo esto y ser felices haciendo lo que les apasiona: tocar la guitarra uno, percusión el otro. Y a juzgar por los billetes que íbamos dejando en su cubo, creo que puede decirse que viven de ello. Pena por la pareja que alquila su casa, casi vacía, en su ancianidad, cuando deberían poder disfrutar de paz y tranquilidad.Enfado: con la vida, con el sistema, conmigo misma… ¿por no hacer nada, pero, qué puedo hacer? Salir de ahí, correr, gritar, bailar y ayudar; a eso voy, a eso vine, en ello estoy: ¿es suficiente?

El anuncio de Pepsi proyectado sobre la esquina de un gran edificio de una gran avenida me recuerda a los templos griegos en los que se veneraba a los antiguos dioses; o a las grandes iglesias con las imágenenes de sus santos…

El miedo y la desconfianza están instalados en el aire de BA y cuesta no respirarlos, me siento como un animal agazapado en constante acecho por si algo o alguien aparece por la espalda.

Lo que está dentro está fuera y viceversa; BA me ha hecho aflorar sentimientos insospechados… Hoy un librero me preguntó si me gustaba BA: “Cada día un poco más que el anterior”, le dije, y es cierto. Hoy ya caminé con más ligereza por sus calles, ya tengo una agenda para mañana, pasado… Ya soy alguien con un propósito en la ciudad. Quizás lo que no sé hacer es simplemente estar sin una dirección, sin un camino a transitar.

Hoy… La luz, la luz, ¡la luz! y el determinismo medioambiental. Este año tendrá para mí dos inviernos y dos veranos. A mí en invierno me entra tristeza. Acá además me siento mayor que allá: el pelo sin brillo, canas que hacen parecer más gris  mi cabeza, personas que me dicen “señora” continuamente. También me siento con falta de ilusión, empuje, fuerza de ir para acá y para allá en una búsqueda enloquecida: el paso es sereno y observador.

Como siempre una biblioteca, los libros, el saber, la cultura, la transmisión de lo aprendido por los ancestros; me hacen sentir de nuevo parte de un sentido y significado, me hacen volver a casa. Aprendemos sumando, no podemos olvidar ni ignorar el pasado que contenemos y representamos en un devenir de superar y trascender. La Biblioteca Nacional de BA se empezó a construir en 1971 y se acabó en 1998, impresionante en toda su dimensión. Aquí me he sentido a salvo y en paz.

Viajo sola y comprendo que necesitar a los demás no es una debilidad: compartiendo las cosas crecen y toman forma, somos seres sociales; decididamente nos necesitamos los unos a los otros.

La música acompaña y “acarona” el alma. Persianas de madera, una señora que limpia los cristales de una enorme casa, la segunda que veo hoy, estoy en Recoleta. Lleva uniforme de asistenta del hogar. Ayer compré un secador de pelo de marca Atma cuya etiqueta reza: “Amas de casa, las de antes“. Hoy recibí un correo de una compañera del curso de danzaterapia en el que adjuntaba una pubilicidad del 1951 en la que explicaban las 10 reglas para ser una buena mujer y esposa. La vigencia del pasado.

Sentada a una altura de doce pisos veo la ciudad, con edificios altos y bajos entremezclados, luz semigris de tarde hivernal y doble cristal que necesita una limpieza de por medio. Y veo una ciudad como de parchecitos, encastada y con pocos espacios abiertos a la luz del sol, con pocas plazas para compartir. Hoy, aquí, en Recoleta, creo que es la primera vez que veo árboles, verde, espacio amplio, luz.  Y sombras.

La calidez de los bonaerenses me contrasta con la frialdad de algunas de sus calles y edificios que parecen construidos de espaldas a las personas que los viven, como si fueran de otros. Como para contenerlos pero no albergarlos; espacios en los que las personas se guardan y que, a su vez, las aprisionan. No hay colores. Si yo tuviera que imaginar BA según el alma de sus habitantes tendría colorcitos, luz, verde, agua…,¡mucha vida! San Telmo tenía algo de todo esto: casas bajas, arquitectura colonial, espacio en las calles. Recoleta lindo, acaudalado, de progreso. Pero sigo sin ver la luz.

Me muevo, va a anochecer; hoy el día fue gris, con amenaza de lluvia. Pero ya al caer la tarde surge un aire nuevo, bueno, que se lleva las nubes y deja entrever un cielo azul y claro.

 

 

Esta entrada fue publicada en Viaje a Argentina. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Hasta hoy…

  1. chiqui dijo:

    Me alegro de que escribas. Ven a vernos pronto. Te queremos

  2. Meri dijo:

    Qué bien saber de ti y de tu viaje!!! Me encanta que hayas empezado el blog, lo próximo Twitter! Besitos amorcete!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s